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Colaboradores

Fecha: 2013-10-18

Tercer viaje

CRÓNICA DE NUESTRO VIAJE AL CONGO DEL 2 AL 17 DE SEPTIEMBRE DE 2013.

Nuestro primer ángel, Santi, nos llevó al aeropuerto de Bilbao a las 4 de la mañana. Allí iniciamos José Antonio y yo un viaje de 15 días a la República Democrática del Congo. El segundo fue Freddy que nos esperaba en Kigali con el alojamiento preparado y el taxi para llevarnos en la noche africana a nuestro destino en  “transit”  y a la mañana siguiente otra vez al aeropuerto a volar, esta vez en nuestra última etapa, hasta la frontera con el Congo. Maman Monique fue nuestro tercer ángel que facilitó los trámites en la aduana y nos dejó hacia las 12 del mediodía en nuestro final de trayecto, la comunidad de Lestonnac en Bukavu.

Luego fueron innumerables durante todo nuestro recorrido, las monjas que nos acogieron en Bukavu y en Kashofu, el capitán Noël que nos condujo en nuestros viajes en el lago y un largo etcétera…

En Bukavu visitamos al Mwami y a Makamba, los reyes de la tribu de las islas, encargados de conservar esta tradición milenaria, ya sin mucho sentido hoy día, salvo el hacer de juez o intermediario cuando hay conflictos entre las gentes. A cambio de eso vive de los impuestos que crea y cobra a sus súbditos.  

Y conocimos un proyecto ya iniciado que solicita apoyo financiero a Mamoré, un proyecto de ayuda a chicas inocupadas para enseñarles corte y confección,  con lo que ganarse la vida.  A esto propuso José Antonio añadir la alfabetización. Este día comimos en casa de Freddy.

Ese día comemos en casa del Mwami invitados por su mujer. El denominador común en estas visitas es la alegría de las mujeres que lo manifiestan con cantos y bailes y nos expresan el cambio a positivo que supone para sus vidas.

El día 5 cogimos un pequeño bote que nos llevó, en un agradable viaje de dos horas matinales por el lago,  hasta Idjwi, donde pasamos la mayor parte de nuestra estancia congoleña. José Antonio en el apartado que la comunidad dedica a las visitas y que le llamamos “monasterio” por la vida de monje que estuvo obligado a hacer y yo en la comunidad con las monjas.  Con ellas hacíamos las comidas y pasamos algunos ratos después de cenar viendo la televisión.  Es importante señalar aquí que nos salieron a recibir “todas las mujeres de José Antonio”, guapas, bien vestidas y alegres,  que nos acompañaron cantando hasta nuestra casa.

Nuestra primera actividad en Idjwi fue reunirnos con una delegación de cada una de las tres islas: Kinyabalanga, Nyamizi, Irhe, que habíamos convocado para leer y comentar el comunicado que la Asociación me había confiado como razón de mi viaje y que pudimos desarrollar, comentar, discutir, durante 4 horas. La duración de la reunión se comprende porque era preciso traducir del francés al kihavu y viceversa. Pero el encuentro fue cordial y agradable: transmitimos que continuamos con los dos campos de nuestra acción: escuelas con la prima a los maestros y sanidad en el amplio dominio que ésta abarca. El capítulo de “ruegos y preguntas” fue largo porque surgió con fuerza el problema que atraviesa la escuela de Kinyabalanga con alto fracaso escolar, debido según los padres a la falta de interés por parte del director y falta de motivación en los maestros. Insistimos en la responsabilidad de los padres de hacerse cargo de sus hijos, de mantenerlos y enviarlos a la escuela, cuidando de su asistencia a clase. Todos agradecen lo que estamos haciendo en las islas y tienen palabras de reconocimiento a la labor de Freddy.

Otras actividades en la isla de Idjwi fueron las visitas a los proyectos en relación con la mujer que lleva Mamoré. Uno en Nyakalengwa de alfabetización y corte y confección, con un gran número de mujeres implicadas en esta formación.
 Aquí recibimos como regalo, entre otras cosas una vestimenta confeccionada por ellas con tela africana, pantalón y camisa para José Antonio y falda y blusa para mí, tenemos fotos que lo testimonian.  Además visitamos otro centro en Buruhuka, construido por Mamoré y gestionado por Makamba con otro gran número de mujeres, la mayoría mayores y viudas, aunque incluye también un grupo de madres solteras, jóvenes y niñas. 

También José Antonio visita una escuela construida en Ruminika y constata que no se ha terminado según los planes previstos. Vuelve algo enfadado porque nadie, ni el jefe del poblado, ni los padres saben darle explicaciones de por qué no se acabó si se recibió el dinero.

Tenemos un encuentro con el interino del Mwami en Idjwi que viene acompañado de sus consejeros, jefes de poblado y hasta alguna representante de las mujeres; son un grupo grande. Recibimos la visita del párroco, el que quería que nuestro dinero para las islas pasara por él; viene en son de paz, charlamos con él un largo rato y, tan amigos. Lo mismo con el Abbé Kizito, delegado de la Coordinación Católica de las escuelas en Idjwi; nos pide continuar con nuestra intervención en las islas y la agradece. También nos habla de sus planes de una escuela secundaria Kinyabalanga y hasta de un internado. Le escuchamos.

Su principal preocupación es la enfermedad que se ha llevado por delante todos los plátanos. Ha sido una grave epidemia que ha asolado toda la isla de Idjwi y que la ha dejado devastada. La imagen de la isla despoblada de sus plátanos es impresionante, pero más allá de esta imagen, tipo plaga bíblica, está la realidad de tantas familias que tenían aquí su medio de vida, “lo que ha hecho posible que nuestros hijos estudien, que comamos, que vivamos…” Esto es anuncio de hambre y de muerte para Idjwi, que no tiene apenas otro medio de vida. Mamoré inició hace un par de años un proyecto de limpieza de la tierra con replantación de bananeros y que ha dado un resultado positivo, aunque solo haya sido un esbozo o un ensayo de lo que habría que hacer, que es mucho; lo bueno es que la población está seriamente implicada en ello y se van mentalizando a tomar las medidas que sugieren los agrónomos.  Hay esperanza, aunque sea a largo plazo.

La segunda semana la dedicamos a las tres islas, una isla cada día, alternando con otras actividades en Idjwi, visitas, muchas visitas y demandas de proyectos.  José Antonio propone que se reúnan todos los proyectos y que una coordinadora los evalúe en Idjwi antes de remitírnoslos. Traemos alguno para que sea aprobado por Mamoré.

Empezamos con la visita a Irhe, que nos recibe con un alborozo enorme, nos salen a recibir con su nueva barca al lago  y nos acompañan; tienen grandes expectativas. Aquí prometemos la alfabetización, el corte y confección comprando máquinas de coser y aumentar paulatinamente los microcréditos para las mujeres. Vemos el estado de las escuelas, que es deplorable pero en este terreno no prometemos nada; en un apartado hablo con el jefe del poblado para hacerle ver que comprendemos la situación pero que la Coordinación nos crea dificultades para intervenir en las escuelas. Responde que esto se podrá solucionar, que él se va a implicar.

En nuestra isla el ambiente es estupendo, la gente está muy contenta con el nuevo director, un antiguo alumno nuestro del Instituto Kashofu. Hay un exceso de alumnos, cinco niños por pupitre que fue pensado para dos.  Exceso de natalidad, concluimos. Ellos nos piden ampliar la escuela…El día que nos toca la visita a Nyamizi pasamos antes por Monvu para saludar a las monjas y ver el hospital. Nos recibe el médico jefe y José Antonio le promete la visita de médicos oculistas de San Sebastián que podrán atender a unos 1000 pacientes y enviarles luego a cada uno las gafas que necesite; todo gratuitamente.  La noticia se acoge muy bien.

La última visita la hacemos a Kinyabalanga. El recibimiento, la alegría, los cantos y los bailes son como en las otras islas. También los regalos. En todas las islas hemos recibido gallinas, huevos, pescados, aquí una cabra. Donde funciona bien el corte y confección nos han hecho un completo con tela africana, como he contado de las mujeres de Nyakalengwa.

En todas las islas hemos escuchado discursos sin fin: del jefe del poblado, del director de la escuela, del representante de los jóvenes, de la representante de las mujeres… todos hablan de agradecimiento, todos reconocen la  labor de Freddy, todos añaden peticiones de mejora en todos los dominios, peticiones sin fin. Esta vez solo nos hemos comprometido en la compra de más máquinas de coser y una de bordar para cada isla; aparte de lo que hemos dicho en Irhe porque allí estamos empezando. Nosotros hemos ofrecido dos balones, una 

buena cantidad de bobinas de hilo y bolígrafos a montones; todo recibido con “irrintxis” de alegría.

Y hemos correspondido con nuestros discursos que no podían faltar: el de José Antonio, breve, en kihavu y yo un poco más largo en francés, remitiéndome a lo dicho en nuestro encuentro en Idjwi con las delegaciones insulares e insistiendo en la responsabilidad de los padres de hacer estudiar a sus hijos y de ocuparse de su crecimiento integral.

Ha sido reconfortante ver el progreso realizado en estas pequeñas islas del Kivu en estos 12 años, en los que la población ha aumentado hasta casi duplicarse por el crecimiento natural demográfico,  al que hay que añadir el hecho de que mucha gente que había abandonado las islas para sobrevivir, han vuelto al ver la nueva situación.

  Este progreso se hace visible en:

  • las nuevas viviendas en ladrillo o adobe que van sustituyendo las chozas,
  • en la limpieza e higiene en general
  • en la cantidad de árboles que han poblado las desérticas islas
  • en la cantidad de alumnos que van accediendo a la escuela secundaria en Idjwi y hasta en  la universidad,
  • en el descenso notable del  grado de analfabetismo en la mujer,
  • en el descenso de mortalidad infantil por enfermedades fácilmente curables,
  • en la mejor preparación de la mujer para el parto y en la asistencia en el mismo parto que ha reducido también los casos de muerte por este tema,
  • en la apreciación de la mujer por los demás y por ella misma, en su dinamismo y alegría.
  • Y podría seguir…

No es fácil resumir todo lo vivido, los sentimientos, las emociones, la compasión que suscita tanta miseria, la alegría de poner rostro a nuestros afanes diarios, la impotencia de no llegar a más y de negar lo que parecería un derecho si todos fuéramos más justos.

El choque que supone volver y encontrar que sale agua del grifo, que se enciende la luz, que no tienes dificultades para la vida ordinaria; que vivimos aquí como si aquello no existiera o no lo queremos saber… El aterrizaje es forzoso…

Creo que José Antonio y yo podemos dar testimonio de que este viaje nos ha enriquecido, volvemos con el corazón lleno de nombres, de esperanzas y ganas de continuar con la  obra, que es inmensa.

Hasta la próxima, Maite

Aut@r: Maite Iceta

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