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Colaboradores

Fecha: 2007-11-23

La solidaridad de varios donostiarras permite crear dos escuelas en el Congo.

SAN SEBASTIÁN. DV. Todo comenzó con un pupitre, el que Loli Valls, Maite Irurueta y cinco mujeres más compraron por 10.000 de las antiguas pesetas hace seis años. «Iba destinado al instituto para chicos y chicas que nuestra amiga, la misionera donostiarra Maite Izeta, había fundado en la isla de Idjwi, en el Congo. Mandar cualquier cosa hasta ese país sale carísimo, así que decidimos reunir el dinero y enviarlo para que lo adquiriesen allí», recuerdan.

Aquélla no fue más que la primera de una serie de aportaciones desinteresadas que, unidas a las de otros ciudadanos, se han traducido con el tiempo en diversos equipamientos y servicios de los que en la actualidad se benefician cerca de 200 familias. De ellas, 120 habitan en Kinyabalanga, una isla de apenas 2 kilómetros de largo por 600 metros de ancho, que hasta hace bien poco carecía de escuela.

«No había escuela, pero sí profesores nativos dispuestos a enseñar, los de Idjwi», indica Loli Valls. «Había que pagarles un sueldo y las siete amigas decidimos hacernos cargo de los correspondientes a siete profesores. Luego, cada una convencimos a tres o cuatro personas y asumimos el coste tanto la enseñanza como la alimentación de los niños para que éstos no se mueran antes de llegar a la edad escolar».

Ladrillo a ladrillo levantaron un colegio «de la nada» y pronto les llegó idéntica petición desde otra isla cercana, la de Nyamisi, donde residen 70 familias. «Allí ya habían tenido una escuela antes, aunque acabó desapareciendo. Buscamos otras siete amigas y más gente de San Sebastián para volver a ponerla en marcha».

Y lo consiguieron, de nuevo, con la colaboración de varios donostiarras. «Hay quien nos da 40 euros al mes y quien dona 500 euros al año», indica Loli Valls, para a continuación enumerar el resto de logros que han ido sumando a aquel pupitre con el que iniciaron su labor.

Según explica, «hemos conseguido que se les concedan microcréditos a las mujeres y que se lleve a cabo la vacunación infantil. Este año, por ejemplo, se ha vacunado por primera vez a niños y mujeres embarazadas. Estamos poniendo las medidas necesarias para que los moradores de las dos islas salgan adelante y lo hacen contentos de que haya gente de tan lejos dispuesta a ayudarles».

Sus proyectos no acaban ahí. «Queremos enseñarles a cultivar la tierra y que las mujeres  -conocidas en su país como las mujeres de los mil brazos, por lo mucho que trabajan- aprendan a leer y escribir, para que no tengan que seguir firmando sólo con su pulgar. También pretendemos comprarles una lancha a motor, como las que ya les hemos conseguido para transportar enfermos a otras localidades, con el fin de facilitar sus desplazamientos, que ahora realizan a remo», declara Loli.

El primer lugar en su lista de prioridades lo ocupa, sin embargo, otro plan no menos ambicioso, el referido a la instalación de placas solares destinadas a proporcionarles la energía de la que hasta la fecha carecen. «Estamos estudiando su coste», reconoce.

Concienciar a los niños

Para facilitar su tarea humanitaria, las siete amigas, convertidas hoy en catorce, han fundado recientemente una asociación, la denominada Kinyabalanga-Nyamisi, que agrupa ya a un centenar de personas. «Nos hemos comprometido a trabajar durante los próximos cinco o seis años a favor de esas dos islas. Cuando pase dicho tiempo, sus habitantes ya serán autosuficientes y podrán ayudar a los de otras islas que también precisan de atenciones».

Una de sus primeras iniciativas ha sido la celebración de un festival infantil el pasado sábado en la capital guipuzcoana. Decenas de niños asistieron a esta iniciativa, que, bajo el lema De corazón a corazón, nace con la intención de repetirse anualmente.

La pasada primavera organizaron, asimismo, una exposición de fotografías en la galería Delta Arte de San Sebastián. Las imágenes mostraban al público retratos y paisajes captados por Loli Valls y Maite Irurueta durante el viaje que llevaron a cabo hace dos años al Congo.

Autor: Elena Viñas - Diario Vasco

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